Sala de Prensa

Grupo Financiero Atlántida recibe en Guatemala el sello Triple Confianza
25 de agosto del 2026

El reconocimiento regional destaca la solidez institucional de Grupo Financiero Atlántida, el valor de su marca y el liderazgo de su presidente, Guillermo Bueso.

Por Yanivis Izaguirre

Guatemala, 25 de agosto de 2026. Ciento trece años después, Banco Atlántida mantiene vigente su principal activo: la confianza.

Precisamente, esa trayectoria fue el eje de la Cumbre Regional Confianza 2026, realizada en Guatemala y organizada por la revista Estrategia y Negocios, de Grupo OPSA. Durante el evento se reconoció el legado de empresas como Grupo Financiero Atlántida (GFA), galardonado con el sello Triple Confianza.

La distinción reconoce tres dimensiones: la solidez de la empresa, la credibilidad de la marca y la capacidad del liderazgo.

En la categoría de liderazgo, el reconocimiento puso de relieve la trayectoria del banquero hondureño Guillermo Bueso, presidente de Grupo Financiero Atlántida. Su figura se vincula a una etapa de expansión que ha proyectado capacidades empresariales hondureñas hacia nuevos mercados, sin desprenderse de la identidad y del conocimiento acumulado en su país.

La historia de Banco Atlántida ofrece la principal evidencia detrás del sello. La institución nació en 1913 en La Ceiba, en el departamento de Atlántida, al lado de los sectores productivos que impulsaban la economía hondureña. Desde entonces, su permanencia ha coincidido con guerras mundiales, crisis económicas, fenómenos naturales, transformaciones políticas y cambios tecnológicos que modificaron la manera de hacer banca.

Manuel Dávila, vicepresidente ejecutivo senior de Banco Atlántida Honduras, participó en una entrevista en vivo durante la Cumbre, en donde conversó sobre los orígenes del banco y cómo mantiene su liderazgo más de un siglo después.

Dávila recordó una imagen que se remontó al primer año de fundación. En 1914, un incendio destruyó la oficina bancaria en La Ceiba, construida entonces de madera. Entre los restos permaneció intacta la bóveda con los valores que resguardaba. El episodio comenzó a instalar tempranamente una asociación que acompaña al banco en la actualidad: seguridad, permanencia y confianza.

Para Dávila, la relación con los clientes no se prueba únicamente cuando la economía crece y abundan las opciones de financiamiento; se prueba, sobre todo, cuando una empresa enfrenta dificultades y necesita un socio capaz de comprender su operación, su sector y el contexto en el que toma decisiones. Esa disposición a permanecer cerca en los ciclos adversos ha sido uno de los factores que explican la continuidad del banco, destacó.

La relación no acaba con el crédito

El modelo descrito por Dávila parte de que el trabajo del banco no termina cuando se desembolsa un préstamo; en ese momento comienza la ejecución real del proyecto. El empresario debe levantar una planta, ampliar una tienda, contratar personas, producir, vender y enfrentar las variables de una economía que no siempre se comporta como fue previsto.

Comprender ese recorrido exige algo más que capacidad financiera. Requiere hablar el lenguaje de los sectores productivos y reconocer sus ciclos. Banco Atlántida ha construido buena parte de su identidad alrededor de ese acompañamiento, con una presencia vinculada históricamente a la agricultura, la industria, el comercio y otras actividades que generan empleo y dinamizan la economía.

La confianza, desde esta perspectiva, no equivale únicamente a la certeza de que los depósitos estarán protegidos. También significa creer que la institución conoce los países donde opera, entiende las necesidades de sus clientes y tiene la voluntad de contribuir a que los proyectos financiados prosperen.

“Es una relación de doble vía, porque los ahorros de una sociedad se concentran en el banco y regresan a la economía convertidos en inversión, producción y oportunidades”, destacó Dávila.

De Honduras a una visión regional

Esa experiencia acumulada sirvió como plataforma para la expansión de GFA. En lugar de replicar mecánicamente un modelo, el Grupo buscó identificar aquello que podía aportar en mercados con culturas, desafíos y aspiraciones semejantes.

La entrada a El Salvador fue una prueba relevante, contó Dávila, quien recordó que frente a una industria fuertemente orientada a promociones y consumo, Banco Atlántida decidió competir desde el segmento que mejor conocía: la atención al empresariado y a los sectores productivos.

El aprendizaje confirmó que la cercanía cultural puede ser una ventaja competitiva: “Nos dimos cuenta de que éramos el banco hondureño más salvadoreño”.

Compartir idioma, comprender la dinámica de las empresas familiares y reconocer los desafíos estructurales de Centroamérica facilita conversaciones que no comienzan desde cero. También permite acompañar a clientes que se expanden fuera de sus fronteras y necesitan instituciones capaces de entender su trayectoria, no únicamente su balance más reciente.

Para GFA, la regionalización no representa solo crecimiento geográfico. Supone trasladar capacidades, profesionalizar operaciones, fortalecer gobiernos corporativos y construir relaciones de largo plazo en cada mercado. En ese proceso, el liderazgo de Guillermo Bueso ha estado asociado a una visión empresarial que ha llevado al grupo a operar con 40 empresas en ocho países.

La confianza no garantiza exclusividad

Los hallazgos presentados durante la Cumbre mostraron que la confianza produce efectos concretos en el negocio. Una persona que confía en una marca tiene mayor disposición a probar nuevos productos, defenderla frente a información dudosa y, en determinadas circunstancias, pagar más.

La confianza no garantiza exclusividad, pero sí concede algo especialmente valioso en tiempos de desinformación: el beneficio de la duda. El estudio también situó a la empresa privada entre las instituciones que generan mayor confianza en la región.

Narciso Casado, secretario permanente del Consejo de Empresarios Iberoamericanos, denominó la confianza como una infraestructura con elementos concretos: integridad, buen gobierno corporativo, cumplimiento, seguridad jurídica, transparencia y coherencia entre lo que una organización declara y lo que efectivamente hace. Su planteamiento trasladó el debate desde una pregunta pasiva (si los públicos confían o no) hacia otra más exigente: qué están haciendo las empresas y sus líderes para generar y merecer esa confianza.

Casado también situó a Centroamérica en una posición de oportunidad. La región cuenta con estructuras de integración, acuerdos comerciales, redes empresariales y vínculos con mercados internacionales que pueden convertirse en una ventaja competitiva. Pero esos instrumentos solo producen resultados cuando existen reglas claras, instituciones capaces de dialogar y un sector privado dispuesto a construir consensos, no únicamente a defender intereses particulares.

Algoritmo reputacional

La transformación tecnológica añadió otra dimensión al debate. Luis Castellanos, especialista en comunicación, datos y reputación digital, planteó una realidad que ya condiciona las decisiones: antes de contratar, invertir, visitar un lugar o relacionarse con una persona, los usuarios buscan información.

La diferencia, sostuvo Castellanos ante la audiencia, es que ahora no siempre reciben una lista de resultados para evaluarla por cuenta propia. Cada vez con mayor frecuencia, una inteligencia artificial compara señales, interpreta contenidos y entrega una respuesta sintetizada.

Ese cambio obliga a las organizaciones a construir una arquitectura de evidencias. El sitio corporativo, las publicaciones periodísticas, la información que aparece en buscadores, las conversaciones en redes sociales y los contenidos compartidos por terceros forman parte de una misma huella. Explicó que si esas señales se contradicen, están desactualizadas o dejan vacíos, los algoritmos elaborarán una interpretación con la evidencia disponible, aunque no represente la realidad de la empresa.

Al cierre, Conny Benítez de Paiz, presidenta de CentraRSE, enfatizó en que la confianza no es un atributo decorativo ni una agenda paralela de relaciones públicas. Se construye mediante la gestión ética, la transparencia y la calidad de las decisiones.

El programa contó con la participación de reconocidos empresarios de la región centroamericana, quienes coincidieron en que, en tiempos de incertidumbre económica, la transformación tecnológica y la fragilidad institucional condicionan las decisiones de inversión.

La Cumbre concluyó con una idea central: la confianza dejó de ser una virtud abstracta para convertirse en una infraestructura que reduce la percepción de riesgo, facilita relaciones y permite que empresas, clientes y comunidades avancen incluso cuando el entorno no ofrece todas las certezas.

CITAS DIRECTAS

“En Grupo Financiero Atlántida la confianza se demuestra mediante 113 años de presencia, acompañamiento al sector productivo, respuesta en coyunturas difíciles y capacidad de adaptación”.— Manuel Dávila, Vicepresidente ejecutivo senior de Banco Atlántida

“Si no construimos evidencia de nuestra reputación, otros (humanos o algoritmos) construirán una interpretación por nosotros”.— Luis Castellanos, Especialista en comunicación, datos y reputación digital

“La confianza no se improvisa; se construye día a día mediante la gestión ética, la sostenibilidad y el desempeño responsable”.— Conny Benítez de Paiz, Presidenta de CentraRSE

“La confianza es la base de todo. No se compra, se construye con el tiempo, decisión tras decisión”.— Jorge Canahuati, Presidente de Grupo OPSA

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